Hay ciertos temas con los que uno se topa una y otra vez, nos guste o no. La grasa abdominal es sin duda uno de ellos. Se habla de ella mientras tomamos café con amigos, se lee en comentarios de recetas, se ve en espejos que antes no nos gustaban. Y, sinceramente, no siempre es cuestión de disciplina o pereza. Muchos comemos conscientemente, hacemos ejercicio, nos cuidamos, y aun así, esa zona se resiste a desaparecer. Fue precisamente esta sensación la que me llevó a profundizar en pequeños hábitos cotidianos. No dietas extremas, ni promesas milagrosas, sino cosas que se pueden integrar en la vida diaria. Y así fue como llegué a esta bebida, que para mí ahora es menos una “bebida quemagrasas” y más un ritual diario que me hace sentir bien. 3
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Seamos sinceras: no creo en la magia de un vaso. Ninguna bebida del mundo hará desaparecer la grasa de la noche a la mañana mientras estás sentada en el sofá. Pero sí creo en las rutinas que cuidan el cuerpo, alivian el estrés y lo encaminan por el buen camino. Eso es precisamente lo que esta mezcla de limón, jengibre, cúrcuma y pimienta negra hace por mí. No es llamativa ni espectacular, sino suave y constante. Y es precisamente por eso que se adapta tan bien a la vida cotidiana de una ama de casa común que no quiere complicarse con un programa de salud complejo además de las compras, la cocina, el trabajo y la familia.